Sé que algún día esto pasará en México. Les guste o no, los derechos Humanos tendrán que llegar para todos y todas.Viajar a Buenos Aires, no sólo ha implicado dedicar tiempo a la maestría sino también para reportear historias como la siguiente que fue publicada en Corresponsales Clave de Alianza Internacional, donde escribo como voluntaria. Se trata de un equipo de jóvenes corresponsales de América Latina que informan sobre VIH, no Discriminación, Igualdad y Diversidad.
Aquí la historia, que tiene nombres y rostros reales como el de Gian y Romina.
El sur del Conurbano bonaerense está
separado de la Ciudad de Buenos Aires por un estrecho y contaminado
Riachuelo, al que los turistas apenas se asoman cuando visitan el paseo
Caminito, en La Boca. Entre la Ciudad Autónoma y el Partido de
Avellaneda, entre el Norte y el Sur, hay kilómetros de por medio pero
sobre todo desigualdades, especialmente para la población transexual.

Él recibió su credencial, que simboliza también el acceso a la igualdad en Avellaneda, porque “es
importante que sea en la zona sur. No es lo mismo ser una persona trans
en Capital Federal, donde uno puede tener acceso a más cosas y la
sociedad está todavía más abierta, que en la zona sur, como Avellaneda,
donde hay muchas personas trans. Es un avance muy grande y es importante
que sea aquí porque demuestra que se está cumpliendo la ley”.
Gian Franco acudió a la oficina de registro civil acompañado por amigos y amigas, especialmente por la Secretaria General de la Universidad Nacional de Avellaneda Patricia Domench, quien dijo: “Para
nosotros es un orgullo poder apoyar esta ley y esta política a nivel
nacional que ha dado nuestro gobierno. La Universidad se encuadra ante
esa política y por eso mismo estamos apoyando estas situaciones que
consideramos un derecho”.
Rosales es estudiante del primer año de ingeniería informática y siempre ha recibido el apoyo de la Universidad: “Previamente
a tener mi DNI empecé a cursar en la universidad en marzo y gracias a
la resolución que había sacado la universidad, pude aparecer en el
listado como Gian Franco Rosales antes de tener mi DNI, así que es un
orgullo para mí pertenecer a la Universidad de Avellaneda”.
Aunque no conocen exactamente cuántos estudiantes transexuales cursan
en esta institución, Patricia Domench insistió en que el apoyo será el
mismo: “La impronta de nuestra universidad es la inclusión, la idea
es permitir que cada uno pueda tener el derecho que le corresponde. En
este caso con Gian, estamos apoyando esto. El alumnado y la comunidad
universitaria en general están encuadrados en esta política que ha
adoptado la universidad en la defensa de derechos y éste en particular
de tener la identidad que cada uno desea”.
Sin estar frente a un grupo o ser profesor titular de una materia, Gian también enseña y da cátedra en la universidad porque “con
esta ley y visibilizándonos, este tema va a dejar de ser tabú. No solo
hay discriminación porque alguien no comparte esta idea, sino también
por la ignorancia y el miedo. A mí me pasaba al ir a buscar trabajo,
presentar mi DNI y no coincidir con mi imagen. Sabemos que presentando
una imagen que es la nuestra, con un DNI avalándolos, esto va a cambiar
para todos y todas”.
Cuando llegue el momento de presentar su
documento al hacer un trámite, al solicitar empleo o presentar su
currículum, Gian lo hará con orgullo y sin temor a esperar reacciones de
sorpresa, morbo o un silencio largo e incómodo. Entre sus metas
profesionales está buscar trabajo y ejercer como ingeniero en
informática. Él estudia y accede a uno de los derechos humanos
fundamentales, pero sabe que otras personas trans no lo pudieron hacer.
Romina, quien también es activista e integrante de ATTTA, recibió su
DNI en Avellaneda. A diferencia de Gian, no accedió a la universidad
debido a la discriminación escolar. Habla y su testimonio es como el de
otras mujeres trans que aún no tramitaron su DNI o están a la espera de
su documento: “Vivo en Avellaneda y para mí es un paso muy
importante porque acá hay muchas personas trans, y sería conveniente que
con este DNI nos tomen en cuenta. Tener el nombre significa que podemos
ir al médico, tener una salud digna como cualquier persona que camina
por el país y acceso a la educación, porque muchas de nosotras, por no
tener el nombre con el que realmente nos sentimos identificadas, no
podemos ir a la escuela por el maltrato que hay”.
Del acceso a la educación pasó al acceso
a la salud. Ahora con su DNI podrá ir sin miedo a un consultorio. En un
pequeño diálogo ella ejemplificó lo que ocurría antes: “Que el médico no diga ‘Hola, Fulanito’. Ahora tengo mi nombre y deberán llamarme Romina, el nombre que yo elegí”.
Con el DNI entregado a Gian y a Romina
suman los primeros diez documentos entregados a nivel nacional. Cada uno
con el nombre que corresponde a la identidad que las personas desean
sin tener que reconocer que estaban “enfermos o enfermas”, como lo
indican otras leyes.
