lunes, 27 de junio de 2011

Viajes

La música suena. Las puertas de la catedral están cerradas, los tlacoyos calman el hambre, las carpas de los manifestantes del sindicado de electricistas recuerdan el país en que estamos, los turistas toman fotografías. Todo pasa pero el mundo no importa. Dos hombres con texanas y bigote tupido se abrazan con intensidad en el Zócalo de la ciudad de México.

De todas las escenas que mis ojos registraron esta fue la más simbólica y especial.


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Aquí te regalo esta imagen que vi justo al concluir la Marcha 33 del Orgullo Gay donde según los organizadores asistieron más de 400 mil personas y las autoridades del Distrito Federal afirman que fueron 95 mil, no los conté a cada uno pero sí registré algunas de las historias que estaré presentando en los próximos días en Medios UdG Noticias, en Corresponsales Clave y en este Blog. ¿Quiénes eran esos dos hombres, porqué ese abrazo intenso, caluroso y amoroso?... esa otra nota te la presentaré próximamente.

Por lo pronto, recién desempacada del DF, cansada y agotada con mucho por escribir, preferí iniciar con un texto dedicado a los viajeros que este fin de semana me hicieron aprender a disfrutar un camino por Paseo de la Reforma mientras llovía, a saborear la mejor promoción de tacos al pastor, de odiar a quienes los odian por ser diferentes y como dice Alaska “ por no seguir las normas”; de descubrir un museo sin seguir el orden o las indicaciones, de dimensionar porqué la Zona Rosa y el Distrito Federal es un punto medular en la historia de inclusión de México que se está construyendo.

¡GRACIAS por este fin intensivo de aprendizajes a Ustedes estos pensamientos que brotaron de las emociones!

VIAJES….

Para los viajeros de este fin de semana y para el compañero de Viajes que siempre se le extrañará, que se añorará tenerlo como cómplice de aventura pero que a veces es mejor descansar de cada uno porque aún tenemos mucho mundo por conocer juntos.





Hay viajes para descansar y estirar los pies sobre la arena sin pensar en agendas o preocuparse en dónde dormir.


Hay viajes con itinerario preparado y hasta comida en abundancia en bandejas plateadas de buffetes que revientan el abdomen de tanta gula.


Hay viajes en donde una lata de sardina te ayuda ganar energías y a calmar el hambre. Donde una promoción de 5 x 20 tacos son el mejor manjar y el platillo más completo para seguir explorando.


Hay viajes con menús soberbios y precios exorbitantes que solo algunas veces se pueden probar sin tener que preocuparse por el momento final de cuando llega la cuenta.


Hay viajes con sabores genuinos que regalan la calle, la esquina y el negocio a un lado de una alcantarilla.


Hay viajes con sábanas delicadas, almohadas vaporosas que acarician el rostro y te hacen querer sumergirte en ellas todo el día, y si estás en compañía la luz se filtra desde la ventana para mirar silenciosa el encuentro.


Hay viajes en donde 3 personas caben mejor en una cama y una colcha ríspida es suave con la otredad porque una cama aumenta su espacio cuando el dinero no fue el invitado estelar a la aventura.


Hay viajes donde los ronquidos, los gritos y la fiesta ajena se convierten en un ejercicio supremo para mantener la calma.


Hay viajes en donde se pone a prueba tu tolerancia a la estupidez que da desconocer un lugar.


Hay viajes donde debes reconocer que necesitas ayuda o una explicación, desprenderte del ego y sacudirte la soberbia .


Hay viajes para entender que tu plan debe someterse a la falsa democracia que quizá el plan de alguien puede ganar y así todos en grupo buscando las mejores tangas masculinas para el guía de cabello ondulado ansioso de llevar prendas divertidas y sensuales.


Hay viajes, aunque creo que en todos los viajes, hay que escuchar y hasta dejarnos guiar por el caminante experto como aquella socióloga que tanto admiro y quiero.


Hay viajes donde te dan ganas de renunciar e incluso regresar pero estas emociones son breves pruebas por superar.


Hay viajes en los que el mapa no soluciona nada y es mejor seguir a los lugareños como si conocieras igual que ellos la ruta.


Hay viajes en donde entras a lugares que reniegas de ellos en la cotidianidad. (Ejemplo, el mejor té de moras lo bebí en uno de esos espacios que siempre criticaba por su seudo- comercio justo, aún no sé si seguiré comprando pero al menos ya entré y consumí con excelente compañía que reflexionaba del amor)


Bebiendo una copa de vino o disfrutando un vaso de agua de hierbabuena fresca de la huerta creo que los viajes son como iniciar un año nuevo, de renacer entre la cotidianidad.


No siempre se puede tener el mismo viaje del viajero depende como recordarlo y vivirlo, del viajero depende entender que un viaje es un instante, un momento de salir de la monotonía, de descubrir a los otros porque a través de los otros se entiende el YO.


¿Para ustedes qué tipo de viajes existen?... mientras me voy para descargar las emociones en el teclado y preparar la crónica de esta Marcha del Orgullo Gay en el DF, te espero aquí para compartir las Otras Notas.